Polarización en la ignorancia: La misma moneda


marzo 30, 2020
Autor: Moroni Pineda

Una imagen habla por sí sola: tras comprar una plancha, el responsable familiar de hacerla operar la extrae de su caja, le da un rápido vistazo, se deshace del instructivo y comienza la compleja tarea de averiguar a lo lírico cómo funciona. Si todo sale bien, la plancha cumplirá con su trabajo, y en el mejor de los casos se sacará provecho de la mayoría de sus funciones.

En el peor, se harán enmiendas, y lo más probable es que nunca se sabrá cuál era su verdadero potencial. ¿Cómo se llamó la obra? Estamos reprobados en lectura y comprensión. Los resultados publicados de la prueba PISA aplicada por la OCDE así lo revelan.
La mitad de los mexicanos no alcanzan los niveles mínimos de comprensión lectora, y poco más de 31% apenas lo rebasan. En total, a 7 de cada 10 mexicanos evaluados se les complica la lectura, la comprensión y la escritura, por la relación que guardan entre sí. El ejemplo de la plancha hace sencillo entender el proceso. Documentos que a primera vista son demasiado largos o intrincados son los menos atractivos. Preferimos correr el riesgo de dañar el producto por la falta de habilidades cognitivas, sin darnos cuenta de que es el resultado de una falla terrible en nuestro sistema educativo.

El problema es que esta realidad nos alcanza en muchos aspectos de nuestra vida, que finalmente conllevan un costo acumulado. Empresas y negocios grandes y pequeños lo sufren. Las dificultades para redactar proyectos o sintetizar ideas nos alejan de muchas maneras de la productividad. Las reuniones largas y los resultados pequeños son derivaciones de una misma raíz. La capacidad de analizar, desmenuzar, organizar, contextualizar y al final construir una opinión de las cosas con las que nos relacionamos debería darnos ventajas competitivas evidentes.
Cuando hablamos de los miles de tesis universitarias sin terminar apenas tocamos uno de los ángulos del problema. La eficiencia terminal en la educación superior es una afectación directa a la inversión. Grandes empresas pedirán evidencia de un nivel mínimo de competencia en los profesionistas para decidir instalarse en un determinado lugar. Pero esto también afecta otros niveles en donde el valor generado trasciende la manufactura, como es el caso de las patentes.

México sigue teniendo un muy bajo registro de ellas, y la gran mayoría que se generan están vinculadas con industrias multinacionales que finalmente se llevan las ganancias a sus lugares de origen. Las universidades —que en países desarrollados conforman uno de los principales pilares de la generación de patentes y conocimiento registrado— en México padecen la carencia crónica de habilidades lectoras en sus estudiantes. Si midiéramos la inversión que se hace en las universidades públicas, cruzándola con el nivel de conocimiento patentado alcanzado, descubriríamos el déficit con el que la mayoría de ellas están trabajando.
Por esta razón, México sigue siendo un país que compra mucho pero vende poco. El resultado de esta diferencia explica en muchas maneras la pobreza endémica que padecemos. La productividad es imposible con los bajos niveles registrados por PISA en la educación.

Y más allá de las faltas ortográficas, que parecen una plaga en las comunicaciones, correos electrónicos y aun documentos oficiales que se elaboran en nuestro querido México, muchos de ellos por egresados universitarios, existe un elemento cohesionador que nos daña, y ese es la polarización social. La falta de lectura y comprensión aleja a la población de la revisión concienzuda de tal o cual postura, conformándose con tomar partido por lo que a primera vista parece mejor. No existe un análisis riguroso ni, por supuesto, una valoración racional de las cosas. Nuestra percepción de la realidad se forja en torno a ideas simplistas, que recorren los medios de comunicación, las redes sociales y pláticas informales, sin convertirse en opinión razonada y mucho menos sustentada. Eso nos conduce a la terrible polarización que hoy nos aqueja, con los costos sociales que produce. La falta de unidad y sentido de dirección en un país impide alcanzar el potencial que todos anhelamos. La próxima vez que compres una plancha y te sientas tentado a tirar el instructivo, piénsalo dos veces: ese papel puede representar mucho más de lo que imaginas.