Entorno Económico 2020


marzo 31, 2020
Autor: Carlos Hernández García
Análisis, Masari Casa de Bolsa

El incremento en la volatilidad de los mercados financieros nacionales e internacionales, derivado de la coyuntura económica, política y social, ha disminuido las expectativas, tanto privadas como públicas, sobre cómo, cuándo y de qué manera surgirán catalizadores en el corto y mediano plazo para comenzar a ver variables, aun incipientes, que favorezcan una recuperación económica gradual en el ámbito local y global.

La tendencia negativa en la que se encuentra el desempeño económico nacional ha sido uno de los principales elementos sobre los que el sector empresarial ha manifestado preocupación, pues los últimos tres registros del producto interno bruto (PBI) reportaron una fuerte contracción, tanto de forma anual como en cifras sin ajuste por estacionalidad, debida a una disminución en la inversión fija bruta, así como a un dinamismo debilitado en el comercio internacional.

El peso mexicano ha mantenido un buen desempeño durante 2020. En febrero fue la divisa con mejor rendimiento spot contra el dólar; así mismo, durante marzo alcanzó la séptima posición en el grupo de las 16 divisas más importantes del mundo. Dicho lo anterior, es prudente señalar que un componente particular que ha contribuido significativamente al fortalecimiento del peso mexicano reside en el atractivo diferencial de las tasas de interés real existentes entre las diversas economías del mundo, aunado al hecho de que el balance de riesgos nacionales permanece estable (tasa de desempleo, inflación, superávit primario, reservas internacionales, inversión extranjera directa y consumo). Sin embargo, la actual perspectiva bajista de crecimiento durante el corto plazo podría minar lo antes mencionado si no se impulsan los catalizadores correctos de expansión para el largo plazo.

En el ámbito internacional, los principales mercados accionarios de EE. UU. iniciaron el año con un optimismo generalizado, lo cual permitió a los índices bursátiles alcanzar nuevos máximos históricos. En consecuencia, los índices de capitalización global del mercado accionario registraron niveles nunca vistos. De igual manera, el dólar experimentó una fuerte revaluación gracias a los movimientos naturales de las principales variables económicas, como tasas de interés, cobertura natural y perspectivas de riesgo. Durante las últimas semanas de febrero y los primeros días de marzo, los mercados y los inversionistas han tomado una posición de mayor cautela ante los estragos económicos que podría generar el brote del coronavirus en China, teniendo en cuenta que el gigante asiático no solo representa un mercado natural para la demanda global de energía y mercancías, sino que también se encuentra inserto en las cadenas globales de valor, y la emergencia sanitaria podría generar cuellos de botella para la producción.

En febrero, los efectos negativos iniciales del brote se reflejaron en una caída en el PMI manufacturero de China, el indicador del nivel de actividad en el sector, hasta 35.7 puntos; es decir, una contracción superior a la de 2008, cuando llegó a 40 puntos. La política de contención para el coronavirus aplicada por varios gobiernos en el mundo se presenta en un momento cuando la dinámica global había perdido fuerza debido a la incertidumbre política y comercial que se ha registrado durante los últimos años. Dicho lo anterior, la situación actual difiere en varios sentidos de la de décadas pasadas, considerando que muchos países registran tasas negativas en sus bonos soberanos, lo que causó aumentos en el monto agregado de la deuda con tasa negativa, en tanto que el rendimiento de los T Notes de EE. UU. a 10 años se reportó por primera vez por debajo de 1%. En esta misma línea, se han tomado medidas extraordinarias, como el recorte de la Fed en 50 puntos base la tasa de referencia, buscando contrarrestar una desaceleración económica futura. Hacia adelante, la economía nacional e internacional enfrenta un gran reto, considerando tasas de crecimiento más limitadas como resultado del desgaste natural de los ciclos económicos; sin embargo, este también representa un momento propicio para redefinir estrategias de corto y largo plazo en la búsqueda de oportunidades de crecimiento e inversión con miras al próximo gran rally, que siempre sigue a los periodos de volatilidad e incertidumbre.